Durante la Guerra Fría a nadie se le hubiera ocurrido que, años más tarde, el Telón de Acero caería para no volverse a levantar jamás. La frontera que dividía a los países de Europa del Este -los del llamado Pacto de Varsovia-de los regímenes democráticos occidentales que después de la guerra permanecieron aliados a Gran Bretaña y a los EE.UU., fisuró a las democracias, por un lado, y al comunismo, por otro. En 1989, el mundo oriental se derrumbó como el Coloso de Rodas. En un abrir y cerrar de ojos un país dejó de existir y aparecieron nuevos que antes eran considerados sus provincias. Treinta y seis años atrás había dos Alemanias separadas por un muro que impedía que los del lado comunista pasaran al lado en donde se respiraba libertad. La historia cambia cada vez con mayor rapidez y los mapas que una vez conocimos, se alteran. Esta vez la historia ha dado un giro vertiginoso que ha mareado a una buena parte de la población mundial, a tal punto, que cree que lo que defiende es una ideología. Los que se cansaron de hablarnos en lenguaje inclusivo y nos trataron como insensibles y discriminatorios, han perdido la batalla. Hace dos semanas la marca de jeans American Eagle lanzó en EE.UU. su nueva campaña publicitaria con Sydney Sweeney, una actriz de ojos azules, rubia, blanca y sin tatuajes. Las acciones de esta empresa al igual que sus ventas en tiendas subieron a las nubes y los ideólogos progre …










