La agenda política se construye en la interacción de intereses entre la clase política, los medios de comunicación y la ciudadanía. De ahí la importancia de una participación libre, activa y permanente de cada actor, cuya voz enriquece la diversidad de temas y perspectivas. El gobierno suele imponer su agenda en la opinión pública, no solo por el privilegio del reflector mediático —lo que dice es noticia—, sino también porque, en el caso del presidente Noboa, ha mostrado habilidad en el manejo narrativo. Para ello se apoya en una estructura que combina influencers, plataformas digitales, medios tradicionales, redes sociales institucionales y personales, todo encaminado a reforzar los encuadres que le resultan funcionales. Ese engranaje, sin embargo, se resquebrajó con la convocatoria oficialista a la marcha contra la Corte Constitucional. Esta vez, la narrativa gubernamental no logró instalarse con la misma fuerza. Académicos, organizaciones nacionales e internacionales, gremios y varios medios de comunicación coincidieron en que fabricar un nuevo enemigo en la Corte era una exageración y, además, una falta grave a la independencia de poderes. La agenda mediática y ciudadana ofreció entonces un contrapeso que evidenció la diversidad de posturas. Al mismo tiempo, la oposición, hasta entonces dispersa y sin rumbo, encontró un espacio para reactivar su papel fiscalizador. Criticó, con énfasis y diversidad de herramientas, la ausencia del Estado en salud y educación, la ineficiencia en la ejecución presupuestaria. Así, la crisis hospitalaria, la muerte de recién nacidos, la falta de medicinas y las deplorables condiciones sanitarias dejaron de …










