Antes que nada, quiero extender un sentido pésame a la familia de la persona que perdió la vida en un accidente de tránsito. Estaba parado junto a un poste de alumbrado público, esperando como siempre a que su esposa saliera del trabajo, cuando recibió el impacto de un vehículo. Murió de inmediato. Las investigaciones revelaron que el conductor estaba chumado. Una tragedia para las dos familias. Pero claro, nadie se sube a un carro con la intención de arrollar a alguien. Sin embargo, si después del trabajo o de una reunión familiar uno se mete unas copas de puro, la lógica cambia. El licor lo empieza a inhibir. Entonces el chofer se siente piloto de rally, conductor de 4x4 o dueño de la calle. Rebasa a toda velocidad, se baja por escalinatas, se mete en parques. Y de pronto, sin darse cuenta, abre los ojos entre paramédicos y sirenas de ambulancias. Carambas, ¿qué pasa con la cultura del conductor? Hay ciudadanos inocentes que por imprudencias pierden la vida en las calles. Recién no más ocurrió un caso donde, por no respetar un disco pare, murió una joven universitaria y su pareja perdió una extremidad. Y escuche esto. El muchacho que circulaba por la vía principal denunció en un medio de comunicación que los abogados de la infractora pretenden culparlo a él. No es broma. Estos sucesos ya parecen pandémicos. Mire las redes sociales, todas las semanas hay accidentes gravísimos. En algunas vías retiraron los radares, instalados como siempre con contratos …










