El fin de semana antes de la multitudinaria marcha por la defensa del agua, llegaron a mis manos dos ejemplares publicados por el arquitecto Fausto Cardoso, intitulados: “Quimsacocha, el espejo de la creación”. Aunque ya tenía programado asistir a la marcha -habiendo apoyado a la Consulta por el Agua en varias ocasiones, desde esta columna y otros espacios- mi decisión de hacerlo se reafirmó luego de leer el texto y admirar las imágenes de la belleza sobrecogedora que rodea al cráter del volcán Quimsacocha, llamado así por los tres cuerpos mayores de agua -o lagunas- que se encuentran en su interior. Las fotografías panorámicas tienen la magia de transportar, a quien las vea, a ese pedacito de cielo que tenemos a solo una hora de Cuenca donde la fauna, la flora, el agua prístina y las montañas azules dan forma a un paraíso de paz. Y si cerramos los párpados y retenemos por un instante aquellas imágenes en la mente, casi, casi, se puede respirar el aire puro y frío del páramo. Colonias de líquenes, musgos y flores silvestres blancas, amarillas y violetas han fijado su hogar sobre las rocas agrestes. Quimsacocha comparte con generosidad sus aguas: las que van hacia el Océano Pacífico, entregadas por el río Jubones y el Rircay; y las que se dirigen al Océano Atlántico, originadas en el cauce del río Paute y el Amazonas que, a su vez, se alimentan del Yanuncay y el Tarqui. La marea humana que invadió el martes el centro …










