La súbita eliminación del subsidio al diésel remeció el espinazo de la república. Sobrevino el alboroto nacional. Días después, la marcha por la defensa del agua en Cuenca, tan multitudinaria que nadie imaginó su magnitud y su fuerza, puso en su puesto al gobierno en materia ambiental. Más de cien mil personas coparon calles y avenidas. En teoría, cien mil votos en potencia. Que ningún politicastro niegue que no quisiera cuando menos un cuarto. Que a los avivatos que nunca faltan no se les ocurra integrar un movimiento político y denominarle “Quinto Río”, plagiando la frase escrita con letras doradas. Ya debieran patentarla. Gavélenlos. El fin del subsidio al diésel, el combustible que mueve la maquinaria de la minería ilegal, las de las narcomafias, las de los contrabandistas que le drenan a través de las fronteras, nos vuelve a los escenarios violentos de 2019 y 2022. Lo que más debería molestarnos es esa advertencia a provisionaros de alimentos, incluyendo papel higiénico, porque el paro “se irá de largo”, “cueste lo que cueste” y “caiga quien caiga”. Semejante desfachatez vuelve a ser dicha por los violentos cobijados en una respetable organización, que desde hace rato perdió los estribos, no por sus comunidades integrantes, cuanto por quienes la dirigen, con poco seso como para entender la realidad nacional, comenzando por desnaturalizar el real sentido de la protesta social, y hasta para prestarse al juego de grupos políticos que, no siendo casi nada, ven la oportunidad para inflarse, resucitar o, simplemente, joder, joder a …










