El río fue el gran vivificador de las tres ciudades, la cañari, la inca y la española. (Crespo Toral, 2010) En Cuenca el agua es historia, identidad y cultura; Tomebamba, Yanuncay, Tarqui y Machángara son las venas que alimentan la vida que crece, florece, se cuenta y conjuga sobre ocho orillas en que camina la historia, nuestra historia. La profunda crisis ecológica que se expresa desde la dicotomía extractivismo-conservacionismo configurando una suerte de contradicción en la relación sociedad-naturaleza nos convoca a repensar, una vez más, donde anclar el límite a los procesos de transformación (adaptación) de los entornos a nuestras, cada vez más insostenibles, formas de vida y confort. Somos Cuenca y Cuenca es agua, cultura, racionalidad, respeto, integridad, transparencia, ética, responsabilidad y conciencia, pero conciencia viva, conciencia en movimiento, conciencia dinámica y (excuse la redundancia) conciencia consciente para entenderse, regularse, limitarse. Conservar el agua sobre la minería no es un tema abierto a discusión, es una decisión tomada sobre la que nos ratificaremos mil veces más; pero una decisión que nos debe convocar a repensar hábitos, usos y costumbres; no podemos exigir conservación en la marcha y extractivismo en el mall, es una contradicción insostenible, indefendible; marchemos, pero en paralelo transformemos nuestros hábitos, usos y costumbres El maridaje entre la ciudad y el agua se conjuga y expresa por una transformación de nuestra relación de consumo utilitario, instrumental y ornamental, una nueva forma de consumo que sea amparo y soporte de una nueva forma de extracción-producción menos agresiva, más …










