El mérito del hombre está en su conocimiento y en sus acciones, no en su color, fe, raza, lugar de nacimiento, ideología, poder económico o político. El hijo de un humilde campesino libre que posee conocimientos de vida, ama, respeta a la naturaleza y a su prójimo, vale más que un gobernante autoritario y corrupto, que muchas veces por azar del destino, ha obtenido el poder político. El saber es la única riqueza de la que no nos pueden despojar los tiranos, sólo la muerte puede apagar la lámpara del conocimiento que arde dentro de cada uno de nosotros. La verdadera riqueza de una nación, no está ni en su oro, ni en su plata, peor en su petróleo, sino en su saber, en la sabiduría y rectitud de sus hijos. La riqueza del espíritu embellece la paz del ser humano y produce simpatía y respeto. El espíritu de cualquier ser se manifiesta en sus ojos, en su semblante y en todos los movimientos y gestos de su cuerpo. Nuestra apariencia, nuestras palabras, nuestras acciones, no son nunca más grandes que nosotros, porque el alma es nuestra casa, nuestros ojos sus ventanas y nuestras palabras sus mensajeros. La libertad, el saber y el entendimiento son los fieles compañeros de la vida, que nunca nos serán desleales, y cuando los llevamos con nosotros, son los mayores tesoros que podemos poseer. Dios nos ha otorgado la inteligencia, la libertad, la justicia y el conocimiento. No debemos dejar que nadie apague la lámpara …










