El Quinto río de Cuenca, recorrió la Ciudad imponente, gallardo, desbordante como nuca antes se lo vio. Su bramido de más de 100.000 participantes, solo fue comparable cuando el Julián Matadero (antiguo río Tomebamba), se desbordó en abril de 1950, llevándose las riberas y el puente de Todos Santos, hoy “Puente Roto”. Su caudal estaba compuesto de toda clase de personas, sin distingos físicos, sociales, edades, credos ni razas; dentro de su oleaje se distinguían niños, mujeres, ancianos, discapacitados, familias enteras con mascotas, estudiantes de escuelas, colegios y universidades, gremios profesionales, de trabajadores, jubilados, artistas, deportistas y de todo cuanto mortal existe en nuestra provincia. Sí, comparado con este “quinto río”, los otro cuatro que bañan nuestra querida y aguerrida ciudad, quedaron cortos, porque cuando de reclamar causas justas se trata, nuestra gente tranquila, pero guerrera y valiente, se agrupa en un solo puño para decir NO a la injusticia, a la necedad y a la prepotencia. Este “quinto río” fue desbordante, con holas encrespadas, haciendo caso omiso al estado de excepción que dictaminó una hora antes un gobierno prepotente, mal asesorado, que le tiene al país desorientado. Sin embargo, debemos recalcar que, las grandes olas de este “quinto río”, fueron pacíficas y tranquilas, recorrieron sin causar incidentes ni daño alguno, como es el intelecto y el proceder del cuencano. No se necesita ser un erudito para decirle SI al Agua y NO a la minería en Quimsacocha; no podemos cambiar una agua pura y cristalina, que es parte sustancial …










