¿Hubo proselitismo? Sí, claro que sí, por supuesto que sí, obvio que sí. Pero fue un proselitismo que se entiende, se ejerce y se asume como la acción de persuadir y reclutar desde la causa. La causa es el lazo que nos identifica y nos define, el lazo que nos convoca y moviliza, el lazo que se levanta empuñando la causa y que no requiere de un caudillo. Este es el proselitismo de la identidad, que se hereda, se contagia, se expande y se reproduce desde cada uno para levantar la voz, para decir "presente," para definir los objetivos y trazar los límites. Es un proselitismo libre de populismos y caudillismos, un proselitismo con el aroma de un tejido social que se regenera y busca germinar. ¿Fue política? Claro que fue política: es la expresión soberana de un pueblo que levanta la voz y exige respeto por sus derechos, sus capacidades y sus decisiones. Es un pueblo que exige respeto por su identidad, cultura y patrimonio; un pueblo que traduce del griego que esto es el poder del pueblo. Fue política, no politiquería. Proselitismo, no caudillismo, populismo o demagogia. La voz de Cuenca se levanta sin otro nombre o rostro que el del agua, que se vierte desde el quinto río para recorrer el damero colonial de la villa patrimonial y escribir su historia progresista y solidaria. La marcha fue (y es) de todos, por todos y para todos, pero de ningún modo fue (ni es) contra uno o en …










