"Errar es humano, rectificar es de sabios." Uno de los mayores tropiezos del ser humano es no saber reconocer sus errores ni enmendarlos. Esto ocurre, sobre todo, en quienes ejercen formas de autoritarismo: desde líderes de Estado, dirigentes comunitarios o institucionales, hasta en el ámbito del hogar. De más está decir que el hombre, en su esencia, es falible. Entendemos la rectificación como valor en la capacidad y disposición de una persona para reconocer sus errores, asumir la responsabilidad de ellos y corregir el rumbo de sus acciones y pensamientos. Es un valor profundamente ligado a la humildad, la honestidad y el compromiso con el crecimiento personal y ético. Ofrecer disculpas —las disculpas no se piden, se ofrecen— y corregir lo errado genera confianza y respeto en los demás, mejorando ostensiblemente las relaciones humanas. Lo contrario sucede con el orgullo del insensato, que teme disminuirse al aceptar una falta, creyendo que así preserva una supuesta integridad intachable. Debemos ser conscientes de que nadie es perfecto y que todos tenemos la posibilidad de mejorar y actuar con responsabilidad. La rectificación es un acto de valentía moraly una clara muestra de madurez ética. Al final del día, la perfección no está en no equivocarse, sino en saber reconocer el error y tener el coraje de enmendarlo. La historia nos ofrece innumerables ejemplos de sabios que, con el paso del tiempo, rectificaron lo que dijeron o hicieron. Basta recordar el acto de honestidad del gran periodista y escritor uruguayo, Eduardo Galeano, uno de …










