Es tremendamente inentendible ver cómo la gente se sorprende de la conducta de la misma gente; más aún, cuando una gran mayoría son parte de un nocivo comportamiento colectivo. Oímos algo y lo reproducimos, miramos algo y lo replicamos, en definitiva, esta reproducción y/o réplica lo hacemos sin mesura alguna y sin pensar en la proliferación del daño; ser parte de una apología destructiva no nos hace bien como sociedad. Escuchar y observar para inteligenciar nuestra conducta, que de hecho es muy distinto a oír y mirar, es lo que tanta falta nos hace como individuos corresponsables de una sociedad críticamente afectada por excesos absurdos y responsabilidades vestidas de corrupción y/u holgazanería. Los últimos sucesos acontecidos a nivel local y nacional son “red blags” que comprometen a varios sectores y por ende la reacción inmediata de los perjudicados ha sido, en su justo derecho, un reclamo a viva voz; pero también están los que nada aportan cuya pretensión por sostener la confusión y el desconcierto es cada vez más soez y porque no decirlo, atemorizante. Distantes de una efectiva co-construcción participativa con estrategia gubernamental vinculante a los sectores hoy afectados; el poco compromiso por apropiarse de manera pertinente hace que todo se entorpezca aún más; sin embargo, lo correcto será siempre lo correcto, aunque no siempre sea visto con buenos ojos para todos y todas; en definitiva, todo aquello que limite, obstaculice o entorpezca el desarrollo desde lo privado hasta lo público, debe ser eliminado. Un país no puede ser …










