Está llegando la época en que se producen incendios forestales ocasionados frecuentemente por gente inculta o irresponsable. Los males ocasionados son enormes. La causa principal es la ignorancia. Las personas sin ninguna formación lo hacen por esa torpe idea de que el humo se convierte en nubes y éstas en lluvia. O son pirómanos que merecen ser encarcelados para proteger a la sociedad de su anormalidad mental. Destruyen bienes colectivos, el patrimonio nacional, son por lo tanto delincuentes que deben ser buscados, apresados y juzgados con toda severidad. Esta manía incendiaria es contagiosa. La magnitud del daño ocasionado, y del riesgo enorme en que se encuentra la patria es muy grande. Esos vándalos que consiguen una torpe satisfacción incendiando centenares de hectáreas de prados y bosques, inclusive primarios, que son irremplazables, merecen la cárcel. Cerca de Cuenca, algunos jóvenes provocaban los incendios para distraerse mirando cómo van los bomberos y cómo trabajan tratando de apagarlos. Pero lo más curioso es que pasa la temporada seca, se extinguen los incendios, la naturaleza queda muy dañada y todos, autoridades y ciudadanía, nos olvidamos del problema hasta que llega, en el año próximo, esa fiebre incendiaria. Parece que a nadie se le ocurre que hay que prevenir que anualmente suceda este problema. Claro que no es fácil, pero se me ocurre que debe haber una campaña permanente de educación y concientización a la población, sobre todo rural, de lo dañinos que son estos incendios, de cómo quemar basura sin peligro, de instruir a …











