A casi 200 años de su fundación, la línea imaginaria que separa al mundo en dos mitades es más clara que el país que lleva este nombre. Ecuador, un proyecto fallido, no solo en lo nacional-estatal es decir en lo político, sino en cualquier ámbito. Cerrar los ojos a ello es solo una de sus consecuencias. Por donde se lo examine, Ecuador es, por duro que sea decirlo, un fracaso. De verdad que fuera de sus paisajes y de su gastronomía, es difícil resaltar algún otro atributo que no sea opacado por los niveles de violencia, de pobreza, de corrupción social en el que vivimos. Los avances más notables de su triste historia republicana, han venido de la mano de las dictaduras nacionalistas. Creo que ese simple dato lo dice todo. Nunca se entendió que el proyecto nacional estatal debía estar asentado en el desarrollo humano, es decir, en generar condiciones para el bienestar de la gente. El resultado: un problema económico y social que ya no lo puede resolver el Estado republicano, seguramente por eso se busca instaurar un Estado totalitario. Pero el terrible deterioro de la vida colectiva en términos de sus condiciones de civilidad, no se puede resolver a través de la violencia. Se puede enfrentar a la violencia con violencia, ciertamente, pero eso no quiere decir que el problema se resuelva. Quizá es la forma institucional la que ya no da abasto. Quizá existe una crisis del Estado como institución, y sea el momento de comenzar …










