Ecuador vive episodios desconcertantes, insólitos algunos: el desconcierto de nuestros representantes ubicados en instancias de responsabilidad; el manejo errático de los bienes del Estado; el desinterés creciente de la comunidad hacia la búsqueda de soluciones para viejos problemas; la participación de nuestra juventud en eventos contrarios a nuestras leyes, por una parte y la abulia de “los buenos” por todo aquello que implique trabajo comunitario. Estas son manifestaciones preocupantes para el presente y futuro de nuestra sociedad. Quienes nos llamamos ‘buenos’, de un tiempo acá, nos hemos convertido en malos de la peor calaña: conocemos lo que sucede, sabemos dónde están las raíces del descalabro y nada hacemos para remediarlo. Intento explicitar parte de lo que llevo en mi mente con un solo propósito: ser leído por ustedes a fin de que mis expresiones reciban su respaldo y confiar en que estas palabras no se esfumen; trabajar para que se tomen las decisiones pertinentes desde el atajo a donde fuimos conducidos. Buena parte de los medios radiales y televisivos van en busca de acontecimientos que impacten valiéndose de todos los recursos posibles para llamar la atención y difundir aquello que se encontró sin pensar en la trascendencia de lo grabado, en la necesidad de publicarlo o no. Hemos llegado a una degeneración tan seria de la esencia de un hecho noticioso que es imposible encontrar programas en los que se hable con la verdad o al menos se intente hacerlo: lo banal y exótico tienen su trono. Pienso que …










