La competencia política hoy es por la atención. Ese recurso cada vez más escaso, no solo porque nuestra capacidad de retener estímulos se reduce, sino porque vivimos sumergidos en un ecosistema de infoxicación crónica. Ayer fue la radiografía perfecta. En la Corte Constitucional se discutían las impugnaciones a la Ley de Solidaridad y el Gobierno quedó en evidencia: ni las pancartas ni los gritos de la marcha que hace dos semanas convocó el presidente Noboa alcanzaron a maquillar la torpeza de sus abogados, incapaces de explicar cómo una ley llamada de “solidaridad” pretende ser considerada económica urgente. Fue un fracaso jurídico con luces y sonido. Mientras tanto, otro capítulo confirmaba la vieja tesis de la captura del sistema medial: la venta de Radio La Calle y su abrupto giro editorial. De ser un altavoz incómodo pasó a entonar, dócil, en el coro oficialista. Un “equalizador” perfecto: subir el volumen a las voces del poder y bajar al silencio a las críticas. Como si fuera poco, el insólito episodio del espionaje a periodistas: policías infiltrados en salas de redacción, chats y coberturas. Lo denunciaron comunicadores y organizaciones de prensa, como si estuviéramos leyendo un guion de serie distópica, pero en versión criolla. Y sin embargo, nada de esto dominó la conversación digital. El trending topic en Ecuador fue otro: Taylor Swift anunciando su compromiso con Travis Kelce. Treinta millones de likes en Instagram y un eco imposible de igualar por un comunicado de prensa o una marcha de banderas. La agenda …










