Sí. Estamos de acuerdo. La justicia tiene dificultades: hay una ausencia de recursos humanos y materiales; las buenas excepciones de jueces probos y honestos son eso: excepciones. Totalmente de acuerdo. ¿Dónde firmo? Pero ningún discurso o campaña puede avalar o dar paso a tomarse la justicia del país. Repasemos conceptos: una cosa es depurar, fiscalizar, corregir, controlar o transformar; otra, muy distinta, es tomarse el sistema judicial. Tomarse no es para un fin de Estado, sino para un apetito de persona o grupo. Mal por quienes se prestan -en disimulo- para ello. Muy mal. Hay voces y acciones de todo tipo. Por ejemplo, aquellas que sostienen que, si no se toma la justicia —de una vez por todas— a través del ingreso de nuevos jueces por concursos flash (no establecido su mecanismo en la ley, como exige la Constitución) y sin período fijo, no se puede solucionar el problema. Cuidado. El Sistema Interamericano de Derechos Humanos, en contrario sentido, exige jueces con estabilidad y no de temporada, para garantizar independencia y no dependencia a ningún poder. Clarito está. Se suman las críticas desmedidas que buscan posicionar —entre ignorancia y despotismo— el discurso de un autoritarismo de ruptura al orden constitucional. Entonces, urgente, hay que preguntarse (recordarles): acaso para los casos de depuración del sistema judicial más reciente, y que entregó esperanza al país —metástasis, purga, plaga o pantalla—, ¿se requirió tomarse la justicia? La ex fiscal valiente, Diana Salazar, ¿necesitó atacar al Poder Judicial o ingresar jueces funcionales para …











