Y llegó agosto el mes de las cosechas en nuestros campos como en todos los pueblos agrarias del mundo, tiempo de recolección y guardado de los granos con puntuales celebraciones, como hacían los celtas del Norte de Europa o los pueblos andinos ancestrales con disímiles formas de celebrar, pero celebrar al fin. Y con agosto también llega la temporada de cometas, tradición con más de dos mil años de historia de lo que se conoce, desde qué en la Dinastía Chunqui, se perfeccionaron las cometas de bambú para, desde entonces, llenar los cielos con sus formas, colores y mensajes, y desde luego acá nuestro cielo y nuestros sueños también. Decir agosto es decir cometes y más íntimo aún, es luz verde a la memoria para recordar que en la infancia en el Tablón de Cochapamba, mágico espacio de pampas, quebradas y un laberinto de laderas, los “guambras” de la familia, del barrio, del caserío y de escuela nos juntábamos para volar cometas elaboradas en casa, de trabajo manual en la escuela o encargadas a la ciudad, y en el mismo lugar, ahora Ecoparque El Valle, que anualmente recibe un festival de cometas en el que, como siempre, los niños son los grandes protagonistas, pero participan todos sin distingo de edad ni procedencia, ni que decir de los padres y abuelos, porque es un atractivo que fascina y convoca como en cualquier lugar del mundo, como en el famoso Festival de Cometas de Veranasi, capital espiritual de la India, festival de …










